Pero los fans de la astronomía y todos los geeks del mundo no pudieron estarse tranquilos y decidieron que esa X debía cambiarse por un nombre. Se hicieron muchísimas propuestas pero las más populares fueron Xena y Perséfone. Xena por la equis y por la mítica princesa guerrera, Perséfone por ser un planeta que pasa la mitad de su ciclo en la oscuridad y la otra mitad en la luz, justo como el personaje de la mitología griega.
Los que me conocen saben que tengo una gata que se llama Xena y cuando Ro leyó la noticia me llamó para contarme. Yo me sentí de lo más orgullosa, digo ¿cuánta gente puede presumir que su gata tiene un planeta con su nombre?
Durante 3 años Xena se proyectó en el cielo y mientras tanto los astrónomos discutían:
- Pero ¿será que este cuerpo sea un planeta? Porque Xena es lo suficientemente grande para que su propia gravedad le haya dotado de una forma esférica.
- Pero no lo bastante masivo para crear un vacío en su cercanía inmediata.
- Plutón tampoco lo es y está entre los planetas del Sistema Solar.
- Pues no debería- respondió otro astrónomo.
- ¿Pero que serían entonces?
- Planetas enanos- dijo uno.
- ¿Cómo vamos a llamarle a este planeta? Todo mundo quiere que se llame de una forma y nadie se pone de acuerdo.
- Pues entonces debería de llamarse Eris por ser la manzana de la discordia.
Y así fue como nos quedamos sin planeta.
- Y a todo esto, ¿tú que opinas Xena?- Mi gata alzó los ojos y se me quedó viendo.
- Miau.


















